A fines del siglo XVIII, la Ciudad de México se somete a una serie de obras de transformación que siguen las concepciones urbanísticas europeas formuladas en estilo neoclásico. Este impulso constructor decrece después de la Independencia para renacer con toda su fuerza durante el Porfiriato. Europa sigue siendo entonces el modelo que inspira a los urbanistas mexicanos.
En el año de 1778 se funda en la Nueva España la Academia de San Carlos, que trajo grandes maestros saturados de ideas neoclásicas, estilo que en ese momento imperaba en Europa.
El nuevo modelo utiliza los elementos ornamentales clásicos grecolatinos, de modo principal el orden dórico, su mística se basa en el sentido de los valores clásicos volcada a la añoranza de los tiempos heróicos griegos: columnas de fuste estriado o liso, capiteles clásicos, entablamentos divididos en arquitrabe, friso y cornisa; frontones de tímpanos abiertos o cerrados.
Muchas iglesias decidieron cambiar los estilos convencionales experimentando con el neoclásico; desapareciendo lentamente fachadas repujadas y retablos dorados, a cambio por los concebidos en estilo neoclásico, tan limpios, frios y moderados en su ornamentación.
Durante los tres siglos de dominación española, en nuestro país, se dieron las expresiones artísticas antes mencionadas y que funcionaron tanto para edificaciones religiosas del clero secular o regular.
Tolsá realizó en México una importante labor en arquitecturay escultura neoclásica. Asu cargo estuvo la conclución de la Catedral Metropolitana. Es autor también de4l Hospicio Cabañas, en la ciudad de Guadalajara, del Palacio del Conde de Buenavista, del Ciprés y el altar mayor de la Catedral de Puebla, el altar de la Iglesia de la Profesa y el altar mayor de Santo Domingo.
Tolsá es también el creador de la magnífica estatrua ecuestre de Carlos IV, "El Caballito" y el edificio novohispano cumbre del neoclásico mexicano: El Palacio de Minería.